Programa de parto respetado en comunidades indígenas logra reducir muerte materna en Perú

Un programa intercultural de la organización AYNI Desarrollo mejoró la atención de las mujeres gestantes y redujo en un 80% la cantidad de muertes maternas en las comunidades indígenas de la provincia de La Convención, en Cusco. A través de capacitaciones al personal de salud y a agentes comunitarios, se mejoraron los controles previos y durante el parto, incorporando las costumbres y conocimientos ancestrales.

   CIFRAS PRINCIPALES

  • Durante el año 2015 se identificó que el 26% de las mujeres gestantes tuvieron complicaciones durante el embarazo, parto o puerperio. Cinco de ellas fallecieron y ocho de los bebés recién nacidos también.
  • La distancia que tienen que recorrer las mujeres para llegar a un centro de salud es muy larga, a veces de 2, 3 o 6 horas, y muchas veces tienen que hacer la ruta a pie o cruzando durante varias horas el río.
  • La iniciativa de AYNI se ha implementado durante cuatro años (2016-2019) y su meta inicial de reducir en un 50% las cifras de muertes maternas se superó alcanzando un 80% al 2019.
  • AYNI diseñó una estrategia de trabajo para sensibilizar a 126 trabajadores del sector salud, talleres de capacitación a 138 agentes comunitarios de salud y a 48 adolescentes, integraron 11 parteras tradicionales y formaron los Comités de Vigilancia de la Salud Materna.

 

Esta práctica es exitosa porque...

El diálogo intercultural y la prestación de servicios interculturales son fundamentales para generar confianza entre las comunidades y el sistema de salud. La mayor capacidad de los proveedores de salud en la atención intercultural y la confianza generada por los esfuerzos de la comunidad contribuyen al uso, la calidad y el éxito de las intervenciones de atención de la salud. El fomento de la capacidad y el apoyo intercultural, a su vez, reduce la mortalidad materna y perinatal y mejora la salud de los niños y las niñas, las familias y las comunidades indígenas a las que a menudo no llega el sistema de salud tradicional.  

Esta intervención demuestra formas innovadoras de sostener las mejoras en términos de calidad de atención y participación ciudadana usando la colaboración y la combinación de recursos.

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Si crees que puedes replicar esta iniciativa en tu comunidad, escríbele a las personas que la desarrollaron.

CUSCO, PERÚ – Senaida Cruz tiene 37 años y vive en Chacopisiato, una comunidad Matsigenka en la cuenca del río Urubamba, en la provincia de La Convención, en Cusco. Su casa está en medio de un gran bosque tropical que parece darle todo lo que necesita: alimento, agua, trabajo, plantas medicinales y un lugar para que sus hijos pequeños jueguen y aprendan. Sin embargo, cuando habla de la salud materna y perinatal de sus compañeras los problemas empiezan a aparecer. “Hace no mucho una gestante de mi edad murió después de estar muy mal varios días. No la atendieron porque no fue al centro de salud y murió con dos bebitos dentro”, lamenta Senaida, quien se ha convertido en una promotora de salud para cambiar esta situación.

La desigualdad en términos de salud en Perú se evidencia en las regiones, distritos y provincias más pobres o donde predomina la población indígena. Ese es el caso de Chacopisiato. Según el informe El rastro de la maternidad en las comunidades Matsigenkas del Medio y Bajo Urubamba, durante el año 2015 se identificó que 54 de 345 mujeres gestantes (el 26%) tuvieron complicaciones durante el embarazo, parto o puerperio. Cinco de ellas fallecieron y ocho de los bebés recién nacidos también.

Conscientes de la problemática en la provincia de La Convención, la organización civil sin fines de lucro AYNI Desarrollo busca contribuir con el ejercicio de los derechos de las personas que viven en situación de pobreza o extrema pobreza. Con ese objetivo, se propuso la meta de reducir las cifras de muertes maternas y perinatales en la zona en al menos un 50%. Para esto, y solo como punto de partida, identificaron las comunidades indígenas más alejadas, que hablaran poco o nada de castellano y que hubieran manifestado de alguna manera su desconfianza por el sistema de salud pública. Luego de eso y en convenio con las organizaciones indígenas COMARU y CECONAMA, la Dirección Regional de Salud de Cusco y la Red de Salud La Convención, diseñaron una estrategia de trabajo para sensibilizar a 126 trabajadores del sector salud respecto a las tradiciones locales de las mujeres. También realizaron talleres de capacitación a 138 agentes comunitarios de salud y a 48 adolescentes, integraron a 11 parteras tradicionales y formaron los Comités de Vigilancia de la Salud Materna.

La iniciativa de AYNI se ha implementado durante cuatro años (2016-2019) y su meta de reducir en un 50% las cifras de muertes maternas se superó y llegó a un 80% en 2019.

Los motivos

Las causas de las muertes de mujeres y recién nacidos en la región han sido diversas. Hay pocos establecimientos de salud, con mal equipamiento, y además la distancia que deben recorrer para llegar al lugar para ser atendidas es muy larga: a veces son dos, tres o seis horas. Muchas veces tienen que hacer la ruta a pie o cruzar el río por horas y horas. Otro motivo por el que las mujeres no acuden a los centros médicos tiene que ver con la desconfianza. Para empezar, casi nadie las entiende. “Cuando baja una mujer de la comunidad la comunicación tiene que ser por gestos porque no hablamos su dialecto y a veces no permiten que las evalúen o las toquen, por eso cuando vienen acompañadas es mejor”, relata Clara Ccoa, obstetra del Centro de Salud de Kiteni, a dos horas en auto de Chacopisiato.

Pero además de las barreras lingüísticas, existen prácticas étnico-culturales propias de las mujeres Matsigenkas que les impiden sentirse seguras de dar a luz en los hospitales públicos convencionales. Ellas están acostumbradas al proceso de parto en posición vertical y acompañadas de una partera. También suelen comer una planta llamada piri-piri que las ayuda con el dolor y lavan a sus bebés recién nacidos en una infusión de orquídeas por unos días. “El enfoque intercultural en la salud aún es un desafío para reconocer las necesidades propias de la comunidad y no solo lo que el Estado considera que es importante desde fuera. Tienen que tomar en cuenta la propia organización de la comunidad”, explica Katty Lagos, coordinadora local de AYNI Desarrollo.

 

El corazón del proyecto

Las agentes de salud comunitarias como Senaida transmiten a su comunidad los conocimientos que han incorporado en los talleres. Realizan réplicas de las actividades, charlas y visitas a cada una de las casas. Su trabajo consiste en, además de informar y educar, identificar a tiempo a las mujeres gestantes y monitorear de forma regular sus síntomas, los cuidados que deben tener y cuándo es necesario acudir a un centro de salud. En su recorrido, Senaida utiliza afiches coloridos y con información didáctica sobre salud materna, planificación familiar y nutrición, y este material está en castellano y matsigenka. “¿Por qué nosotros nos hemos hecho promotoras de salud? A veces no entienden el castellano acá. Yo en cambio entiendo y lo traduzco en dialecto para ellas. Les explicamos cómo cuidarse, cómo es la planificación. Cuando nos tienen confianza, les explicamos todo”, cuenta.

A través de la iniciativa de AYNI se logró conformar un equipo médico comprometido que incorporó la opción del parto vertical como parte de sus funciones, se impulsó la asignación de un monto de dinero para las mujeres que lleguen desde sus comunidades a los centro de salud y no puedan cubrir los gastos de sus alimentos, y como uno de los logros más importantes, se crearon las ocho casas maternas donde las mujeres pueden hospedarse los días anteriores y posteriores al parto. Durante su estadía pueden estar acompañadas de sus familias, comer los alimentos a los que están acostumbradas -como los gusanos, los caracoles o el masato- y tomar el piri-piri, entre otras cosas.

 Una vez que las mujeres se enteraron de que iban a poder tener el parto según sus costumbres, empezaron a llegar. Son mujeres que no se atrevían a venir, que habían tenido su quinto o sexto hijo en casa y que ahora estaban decididas y seguras de venir a atenderse. Y han regresado contentas, cuenta emocionada Katty.

Por su parte, Senaida siente la responsabilidad de su tarea y tiene la certeza de que otros seguirán su camino. “Me siento feliz por haber salvado a varias mujeres. El ejemplo lo he dado”, concluye.