Hace dos años al pequeño Brandon le diagnosticaron un problema en los tendones de su tobillo izquierdo, una pequeña parálisis en su brazo izquierdo y visión limitada. Podrían ser problemas hereditarios, o derivarse de los trastornos que tuvo Isabel durante el embarazo. Sus padres no se han podido permitir un diagnóstico oficial, que debe hacerse en la capital.

ALFONSO F. RECA

San José de los Llanos (REP. DOMINICANA).- Ha llovido y un pequeño surco de agua recorre las embarradas calles de ripio de San José de los Llanos, una pequeña y humilde localidad de San Pedro de Macorís, en la parte interior de la República Dominicana colmada de campos de caña de azúcar que no visitan los turistas ni sale en las revistas de viajes. El agua ha entrado también en el hogar de Jorge Luis e Isabel, construido con varias chapas de zinc de colores y deslavazados tablones de madera que se levantan directamente sobre la tierra húmeda.

Jorge Luis Herrera, de 34 años, guarda unas pocas herramientas con las que se gana la vida junto a la puerta. Hace un poco de todo, generalmente es mecánico, pero acaba de llegar a casa tras ayudar a quitarle un alambre de espino a una vaca en un campo cercano. Es el único que ingresa de dinero en este hogar de escasos recursos.

Isabel Santana, de 26 años, regresa de la Universidad, donde estudia Educación Infantil. Hoy ha podido ir a sus clases porque ayer Jorge Luis pescó jaibas con su hermano y consiguió los pocos pesos que cuesta llegar hasta San Pedro. “Los 300 [pesos dominicanos, unos 6 dólares] que necesitamos para mañana… ya veremos. Yo soy como un león pero aquí es complicadísimo sobrevivir”, explica él.

No son los únicos que ocupan ese hogar, Brandon, de tres años, es el alma de la casa. Su padre, que no se separa de él ni cuando está trabajando y le cuida para que Isabel pueda cursar sus estudios. Hace dos años al pequeño Brandon le diagnosticaron un problema en los tendones de su tobillo izquierdo. Le llevaron a un centro de salud al ver que tardaba más de lo normal en caminar y que cuando comenzó a andar, lo hacía con mucha dificultad. También tiene una pequeña parálisis en su brazo izquierdo y un problema en uno de sus ojos que le limita la visión, ambos podrían ser hereditarios, pero también derivarse de los trastornos que tuvo Isabel durante el embarazo. Sus padres no se han podido permitir un segundo diagnóstico oficial, que debe hacerse en la capital.

“Al principio el embarazo fue normal, pero a partir de los seis meses se me complicó, me subió la presión. Cuando llegó el momento de dar a luz, con 39 semanas, al niño se le formó una masa en la cabeza por la presión y me tuvieron que hacer cesárea”, recuerda la madre sentada en una deteriorada silla de madera semi hundida en el barro en la zona de la casa que sirve de cocina y salón. “Completé los nueve centímetros (de dilatación) pero el niño no podía salir por la masa”, recuerda Isabel. “El niño siempre se mantuvo con la cabeza hacia abajo y cuando fui haciendo fuerza fue cuando no podía salir”.

Afortunadamente para Isabel, la cesárea salvó la vida del pequeño Brandon, y la suya también. Y aunque aquel fue un momento de gran alegría para ella por convertirse en madre, también supuso el inicio de una complicada situación familiar marcada por la falta de recursos que, entre otras cosas, les mantiene viviendo en una insalubre casa y sin posibilidad de acceder a una sanidad de calidad. La falta de dinero les ha impedido iniciar el tratamiento para el pie y revisar el resto de las dolencias de su pequeño. “Es muy costoso, es el principal freno”, confiesa Jorge Luis. “No sabemos si vamos a tener el dinero”, añade Isabel.

Pero no es el único problema con el que conviven: oficialmente, Brandon no existe, ya que nunca ha sido registrado. Pese a todo ello y como cualquier otro niño, quiere jugar con un viejo triciclo cuyas ruedas ya no giran sobre el ripio y las piedras que rodean la casa y cubren el camino que conduce hasta ella, donde entre amasijos de hierros oxidados, piezas olvidadas de viejos motores, desechos y aguas contaminadas pastan algunas vacas y varios perros famélicos merodean.

La inequidad en la región

Aunque muchos países de América Latina y el Caribe, como República Dominicana, han hecho esfuerzos por ampliar los servicios para las poblaciones pobres y vulnerables, la inequidad en la salud sigue siendo generalizada en la región, especialmente para las mujeres, los bebés y los niños. Más aún si se tiene en cuenta que nos encontramos ante la región más desigual del planeta.

Según se desprende del Informe Sobre Equidad en Salud 2016, las desigualdades experimentadas en la región por ciertos grupos demográficos no están aisladas en un único problema de salud, sino que afectarán a los niños como Brandon a lo largo de toda su vida. Como él, otros 70 millones de niños y niñas que viven en situación de pobreza tendrán menos probabilidades de ser registrados al nacer, mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas y transmitidas por vectores, así como de sufrir desnutrición.

Ayudar a los niños a sobrevivir y prosperar implica reducir los factores económicos asociados a la mortalidad infantil y de niños menores de cinco años. Los datos de APR revelan que en América Latina y el Caribe, 196.000 niños y niñas menores de cinco años fallecieron en 2015 siendo la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años de 18 muertes por cada 1.000 nacidos vivos. De éstos, el 85 por ciento tenían menos de un año de edad.

La inequidad que tiene un fuerte impacto en la vida de la población con menores recursos de Latinoamérica, donde el riesgo de morir antes de los 28 días de nacido en los países más pobres es 2,5 veces mayor que en los países más ricos. Por lo que, según el citado informe, el riesgo de que un niño muera antes de cumplir el quinto cumpleaños en los países de ingresos más bajos fue en 2015 tres veces mayor en comparación con el grupo de países de ingreso más alto.

Las inequidades en salud constituyen una violación al derecho a la salud y al completo desarrollo de madres, niños, niñas y adolescentes. Además, conllevan altos costos sociales y económicos. A partir de este año, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una serie de 17 objetivos mundiales que se aplican a todos los países, empezarán a orientar las políticas y las medidas que se adopten internacionalmente. Entre estos objetivos se incluye explícitamente la reducción de las desigualdades sociales (ODS #10) y el acceso a la salud integral (ODS #3).

Acabar con la inequidad en la salud es una responsabilidad de todos y quizá la única posibilidad de que miles de niños y niñas como Brandon puedan disfrutar de una vida feliz.